IV. El Cuerpo Astral — Viajar sin Billete
Existe, en la tradición hermética y en los escritos de la Teosofía, un concepto que los pragmáticos encuentran irritante y los poetas inevitable: el cuerpo astral.
Este doble luminoso, este vestido de luz que el alma porta entre dos encarnaciones — y aun durante ellas —, es descrito en numerosas tradiciones como la sede de las emociones, los sueños y las facultades perceptivas que exceden los cinco sentidos ordinarios.
No es el cuerpo físico, aunque se superpone a él como un calco de luz sobre un mapa.
En la mayoría de los seres humanos encarnados, el cuerpo astral está firmemente anclado al físico por lo que las tradiciones orientales llaman el cordón de plata — un vínculo sutil, casi una correa cósmica benevolente, que impide que el alma se aventure demasiado lejos de su morada corporal durante el sueño.
Pero en ciertas almas — y las personas autistas parecen pertenecer a esta categoría en una proporción notable — el anclaje es menos firme.
El cuerpo astral es, por así decirlo, un viajero frecuente.
Toma excursiones no programadas.
Regresa con impresiones que el cerebro físico tiene dificultades para traducir en palabras.
Quizá esta sea la clave de lectura más misericordiosa que se pueda ofrecer a las “ausencias” características del autismo.
Esas miradas perdidas en el vacío, esos momentos de aparente desconexión, esas ensoñaciones profundas en medio de una conversación:
¿no son, en realidad, excesos de presencia en otro plano más que déficits de atención en este?
El alma autista no se ausenta.
Hace un transbordo.
Es, en este sentido, la pasajera más aventurera de la Creación — aquella que viaja sin billete porque conoce al inspector desde antes de nacer.
La astrología nos enseña que el cuerpo astral está directamente influido por las configuraciones planetarias en el momento del nacimiento.
La carta natal no es un destino fijo — es la firma vibratoria del cuerpo astral en el instante en que eligió encarnarse en un contexto cósmico particular.
Los grupos sanguíneos, en esta lectura, también desempeñan un papel no despreciable en la manera en que el cuerpo astral se relaciona con el físico.
El grupo A, con su constitución fisiológica más sensible a las inflamaciones y su naturaleza reflexiva, parece más poroso a las influencias astrales — como si la frontera entre sus cuerpos fuera naturalmente más fina.
El grupo B manifiesta una energía más telúrica, más anclada en el ritmo biológico y el instinto.
El grupo O, especialmente el Rh negativo, presenta una configuración particularmente interesante sobre la cual volveremos en la sección siguiente.
Estas correspondencias no son dogmas — son intuiciones que deben explorarse con discernimiento, pistas simbólicas en un paisaje donde la biología y el simbolismo finalmente hablan el mismo idioma.
«En medio de ellos había cuatro seres vivientes, cuyo aspecto se parecía al del hombre.»
Ezequiel 1:5 — visión de los cuatro vivientes como representación de los cuatro cuerpos sutiles